Recientemente perdí a mi padre, tras una enfermedad severa y devastadora partió a la eternidad junto a mi madre.

Esta vivencia me hizo reflexionar y me doy cuenta que la vida de nuestros seres queridos: no se compra con nada que este mundo pueda otorgar.

 

Mucho nos esforzamos y afanamos por tener y poseer. Luchamos por los éxitos, agigantamos nuestras expectativas y corremos detrás de tantas propuestas, que muchas veces pueden llegar a desenfocarnos de la verdadera riqueza.

Ésta indudablemente reside en nuestra familia, tanto hijos, como padres, hermanos y allegados que conforman el árbol de nuestra vida.

 

Ellos son la piedra fundamental de amor genuino, que junto a nuestros amigos del corazón, encarnados a partir de vivencias compartidas, son la verdadera riqueza de la vida.

 

No dejemos los sueños de lado, la pandemia terminará y luego lucharemos contra otra dificultad.

 

Mientras tengamos raíces fuertes: familiares y amigos que nos apoyen, podremos descansar con la cobertura del manto de Dios, porque Dios es amor.

Ya eres rico… lo demás pasará

 

Dedicado a la Familia@las y todos mis seres queridos.