En la orquesta sabemos que el director mueve sus brazos y manos, realizando gestos comunicativos que tienen como propósito guiar a los músicos que interpretan la versión de la obra propuesta.

 

Los distintos movimientos transmiten tensión, relajación, sonidos más intensos o suaves. Además marca un comienzo, el final y pausas si fuese necesario.

 

Lo mismo sucede cuando tiramos una piedra al agua, las ondas que se generan se van expandiendo más y más, hasta que a simple vista desaparecen.

 

En la vida cotidiana nuestras acciones producen ecos en  el entorno que nos rodea, por lo general reflejan lo que llevamos dentro, generando un efecto decisivo  en nosotros y en los demás.

 

Si expresamos amor, cariño y bondad,   indudablemente se transmitirá a muchas personas que se verán beneficiadas de ese afecto incondicional que sana el corazón y transforma la pena en alegría.

 

Nunca olvidemos que Dios nos regala su amor para que podamos transmitirlo en cada palabra, actitud y acción.

 

Si nos permitimos fluir en la bondad, nuestros proyectos serán fuertes y aunque atravesemos momentos de dificultad, tenemos la posibilidad de permanecer.

 

Con todo mi cariño,

Emilce Jacobchuk.

 

 

 

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