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SEPTIEMBRE, 2017

Cuando era pequeña, me gustaba mucho oír una y otra vez, el relato del famoso cuento: los tres cerditos.

Éste hace referencia a tres cerditos músicos, que disfrutan tocar sus instrumentos y no se preocupan demasiado, por las necesidades cotidianas.

Uno de ellos, el mayor, tiene el rol de pianista y cumple el papel de hermano mayor responsable, que da el ejemplo a los otros pillos, y no prestan atención a la importancia de construir una casa.

El cuento finalmente, ofrece una moraleja, en la que los cerditos más pequeños se dedican a tocar tantas horas, que al momento del problema,  no les queda otra opción, que recurrir a la casa del hermano mayor a pedir auxilio.

 

A simple vista, el mensaje es: para que tocar tanto, si hay cosas más importantes!

 

Hace un tiempo, empecé a repensar esta historia, cuando descubrí la biografía de dos pianistas famosos y consagrados, que se definen como ciudadanos del mundo.

Ellos, lo que menos tienen, es un domicilio fijo que los mantenga atados al suelo, a la inversa del  cerdito ejemplo del cuento.

El cuento, refleja al cerdito violinista, como un jocoso despreocupado por todo.

Yo, al ingresar en el mundo de las orquestas descubrí que los violinistas son seres entregados a la música, que en muchísimos casos, sufren diversas patologías por la  dedicación, que exige  esa disciplina.

Y otro punto para destacar, es que el músico está, donde la actividad lo convoca y no espera que todo pase por su domicilio.

Las actividades artísticas, hacen de los músicos personas que migran de un lugar a otro, y muchas veces lleva tiempo encontrar las coordenadas, que combinen familia, vocación y profesión.

El cuento en sí,  es un fraude, no hay porque asociar al músico con la vagancia, ni con el éxito, ni con la diversión plena.

 

Somos seres humanos y elegimos la música como una profesión noble, honorable que tiene el poder de tocar el alma de quien se dispone a escuchar con sensibilidad o no, porque aunque la escucha sea involuntaria puede motivar, retrotraer a la memoria hermosos momentos y sanar las emociones más conflictivas.

 

Dedicado a todos aquellos que se sientan identificados con éste relato.

 

Prof. Emilce Jacobchuk

 

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