La música que escuchamos actualmente tiene profundas raíces históricas.

 

Hay héroes que marcaron con su obra diferentes períodos, y a pesar de consagrarse como genios de la humanidad, un día también fueron niños como tú.

 

El 31 de marzo de 1685 nacía Juan Sebastián, que tuvo la hermosa posibilidad de crecer  en una familia de músicos. Su papá le enseñaba a tocar instrumentos de cuerdas y su tío lo instruía en el aprendizaje de órgano.

 

No hay que explicar demasiado, ¡los Bach eran excelentes músicos! Juan Sebastián aprendía rápidamente. Tanto le entusiasmaba conocer más que un día le pidió a su hermano mayor que le prestara un libro de partituras de Pachelbel, entre otros, y su hermano se rehusó.

 

Tan grande era su deseo de ejercitarse que tomó en la noche a escondidas el libro, y durante las noches de luna, aprovechando esa luz, fue copiando con detalles notas, ritmos y frases. Luego de transcribir con gran esfuerzo durante 6 meses, descubrieron su tarea y no le dejaron terminar el trabajo. Tristemente rompieron en pedazos sus manuscritos.

 

A pesar de lo que sucedió, podemos observar a través de la maravillosa música compuesta por él, años más tarde, que nadie le pudo arrebatar todo el conocimiento que ese niño logró capitalizar.

 

Su música es tan bella y noble, que se puede encontrar un minuet sencillo para ser interpretado por un niño. No obstante hay obras tan difíciles, que pueden varias veces romper la paciencia de un músico experimentado.

 

En este día del niño, recordamos y valoramos la obra de este pequeño travieso, que vive hasta hoy en todos nosotros, porque la música barroca constituye cimientos sólidos que utilizamos hasta hoy.

 

Con cariño,

Prof. Emilce Jacobchuk.