Una vez hubo un príncipe, que como parte de la realeza, podía vivir en un lugar bello, seguro, confortable y tranquilo.

A pesar de tener esa posibilidad, nació en un lugar oloroso, no muy higiénico, bastante inseguro, rodeado de todos los insectos posibles y con escasas comodidades.

 

A través de su nacimiento, e infancia huyendo de quienes buscaban asesinarlo, nos dejó la enseñanza de que los niños no siempre tendrán todas las comodidades, y que el egoísmo de muchas personas, hará que sufran de una mala alimentación, desigualdad de oportunidades, y muchas veces hasta serán perseguidos para que desaparezcan.

 

En tanto, Dios genera amor y bondad en tantos otros, para que a través de su esfuerzo y dedicación, ellos encuentren en el mundo, un sitio bueno para desarrollar la vida.

 

Es impensado que una Orquesta Infantil no siempre tenga el mejor sitio de su pueblo, de su Ciudad para recibir sus clases, y/o poder exponer la música más pura y bella, que aunque tenga algunos errores, está embebida de amor.

 

Ese amor sana heridas porque es noble y puro, es que despierta lo mejor de mí y en ti, que si estás leyendo este artículo, es porque realmente los niños y su bienestar ocupan un lugar importante en tu vida.

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No nos cansemos de hacer el bien, no importa el reconocimiento de las personas. En nosotros hay una medida de amor, que debemos dar. No pongamos precio a lo que damos.

 

Si Jesús cuando nació, tuvo como primera cuna  un bebedero de animales y en un establo, ya nos demostró que siempre debemos luchar para que los niños estén mejor, y si las condiciones naturales de su entorno no se lo propician, debemos contribuir para la mejora.

Esto también es Navidad, compartamos lo que tenemos.

 

Abrazos,

Prof. Emilce Jacobchuk