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SEPTIEMBRE, 2017

Recientemente tuvimos la posibilidad de visitar una localidad mendocina, donde hace algunos años se inició una orquesta infantil.

Al pie de la Cordillera de los Andes, un grupo de personas maravillosas, dispuestas a trabajar por el prójimo, nos recibieron para emprender una aventura con bastante adrenalina.

Llegamos cuando los primeros rayos de sol iluminaban las nieves eternas,  que se avistan desde el edificio que alberga la escuela.

Allí comenzamos con las primeras clases de didáctica para la práctica orquestal, diseñamos la estrategia para atraer nuevos estudiantes, y actividades para que aprendan los rudimentos musicales básicos.

Luego de almorzar, salimos a las calles a tocar y a repartir invitaciones. Los pobladores se sumaron  para escuchar el concierto improvisado, y los niños corrían a buscar las tarjetas de anuncio.

Las mamis se preocuparon por informarse para que sus hijos se incorporen al equipo,  llevándolos al horario que los citamos.

La actividad fue un éxito, y juntos, pudimos preparar un concierto maravilloso que dimos al día siguiente.

Bajo la arboleda de la plaza muchos se dieron cita para recibir este regalo, que los pequeños  brindaron  a partir del agradecimiento por el tiempo compartido.

La música y el afecto son el vínculo perfecto para estrechar lazos fuertes, unir a los seres humanos más allá de sus ideologías y sembrar valores que permiten una convivencia amena entre las personas.

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Al sacar las sillas de la sala, Mayerlis una pequeña violinista me preguntó: – Ya se van? Y me di cuenta que uno nunca deja para siempre, los espacios que conquistan nuestro corazón.

En Cordón del Plata hay esperanza, hay orquesta… hay  música.

 

 

Prof. Emilce Jacobchuk