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JUNIO, 2017

Lo que más me incomoda de faltar al gimnasio, es perder el ritmo de trabajo muscular, todo cuesta el doble. Cuando un deportista abandona la actividad, cualquiera sea la razón, si pasa tiempo sin entrenar…más le  costará  volver a tener el rendimiento óptimo.

Cuando  termino de cursar una materia y no la rindo pronto, pierdo el ritmo de estudio y lectura de esa materia, como consecuencia no puedo luego recordar algunos detalles y la pereza me gana. Al perder el ritmo … todo cuesta más.

Recuerdo que mis abuelos solían decir “antes, el tiempo no pasaba más”. Mis tías relatan idénticas palabras. Actualmente aunque tenemos automóviles, a más velocidad conducimos,  adaptándonos al ritmo de éste mundo tan acelerado.

Un proyecto social tiene su ritmo, y para hablar en términos musicales propiamente, me permito expresarme de ésta manera: “cada etapa tiene su tempo”.

Puede que al principio percibas que todo es  lento, porque sientes que las cosas demoran en llegar, pero cuando pasas de tener 10 estudiantes a 80, con un espacio solo un poco más grande, cuando los recursos no se han incrementado demasiado y debes correr para que ese “ritmo de trabajo y proceso de crecimiento  no merme”, es cuando más necesitas que tu equipo acompañe y sostenga la actividad.

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¿Qué debe hacer un líder cuando su equipo no se adapta al ritmo de crecimiento del proyecto?

 

Una opción es comenzar a acompañar de cerca,  a aquellos que  empiezan a quedarse  atrás, antes que dejen de ser funcionales a los requerimientos del progreso del trabajo.

También debes reflexionar cuando la inercia es muy grande, ya que puedes colisionar fácilmente.

Los músicos somos extraordinariamente emocionales, pues bien, una vez que damos impulso, hay que sostener el crecimiento.

Si tu propuesta contiene una proyección de trabajo arduo, convoca  a tus colaboradores, y que ellos comprendan  que ese es el camino correcto.

Si les es difícil seguirte, no significa que no sean las personas correctas. El proyecto debe equilibrarse entre todos los que lo integran.

Un equipo de trabajo que logra alcanzar metas concretas, se nutre de optimismo y se prepara para abordar el siguiente escalón.

Un buen líder, colabora para que todos puedan desarrollar su crecimiento.

Dirígelos hacia la meta, no hay nada mejor que disfrutar de un logro conseguido en conjunto.

“Dedicado a mi maravilloso equipo de trabajo, que me permite crecer y equilibra mis impulsos”.

 

Con cariño,

Prof. Emilce Jacobchuk